Enciclopedia IfáTemplo Ogbè Dòsùmú · OrìYanre
Versos y ẹsẹ Ifá

Cuando Ajé, la riqueza, fue a vivir con Òrúnmìlà

Verso y patakí donde Ajé (la riqueza), Okùn (las cuentas preciosas) y Omidán (la bella doncella) deciden vivir en casa de Òrúnmìlà tras ofrecer ebo.

Iná náà ń jó, ó sì ń jó. Ó sì ń lọ sí etíkun òkun láti sinmi. Oòrùn ń tàn, ó sì ń tàn. Ó sì ń lọ sí etíkun odò fún wíwọ̀ rẹ̀. Afẹ́fẹ́ ń fẹ́ kọjá pẹ̀tẹ́lẹ̀ àti igbó. Ó sì ń lọ sí apá jíjìn òkun láti dáwọ́ dúró. Àwọn wọ̀nyí ni àwọn ìkéde Ifá fún Ajé, Ọrọ̀. Àwọn ọmọ rẹ̀ ní Ìbíní. Àti fún Okùn, àwọn ìlẹ̀kẹ̀. Àwọn ọmọ rẹ̀ ní Ìràdà. Àti fún Omidán, ọmọbìnrin arẹwà. Àwọn ọmọ rẹ̀ ní Ìkọpa. Nígbà tí wọ́n bá fẹ́ gbé ní ilé Òrúnmìlà, bàbá mi Àgbọnnìrègún, wọ́n gbà wọ́n nímọ̀ràn láti fún wọn ní ẹbọ.

Traducción: El fuego arde y arde, y va a la orilla del océano para descansar. El sol brilla y brilla, y va a la orilla del río para su puesta. La brisa barre la llanura y el bosque, y va a la parte más profunda del océano para cesar. Estas fueron las declaraciones de Ifá para Ajé (la Riqueza) y sus descendientes en Ìbíní; para Okùn (las cuentas preciosas) y sus descendientes en Ìràdà; y para Omidán (la bella doncella) y sus descendientes en Ìkọpa. Cuando iban a residir en el hogar de Òrúnmìlà, mi padre Àgbọnnìrègún, se les aconsejó ofrecer ebo, y ellos cumplieron.

Ajé (la riqueza), Okùn (las cuentas preciosas) y Omidán (una bella doncella) decidieron ir juntas a vivir para siempre en el hogar de Òrúnmìlà. Las tres reconocieron que él tenía la paciencia, la madurez y la capacidad emocional para cuidarlas y hacerlas sentir cómodas, por lo que acudieron a consulta de Ifá antes de tomar esa decisión.

Este verso enseña que la riqueza, las cosas valiosas y una buena compañía llegan a la vida de quien ya alcanzó madurez en todos los sentidos: ahí es cuando llegan los irés (bendiciones). Muchas personas buscan la riqueza o la pareja de forma apresurada, sin antes ofrecer los sacrificios necesarios. El sacrificio más grande es el que cada quien puede hacer en sí mismo: cambiar los hábitos que solo han traído pérdidas, y sostener con paciencia y constancia el esfuerzo diario, pues ningún edificio se construye comenzando por arriba —los cimientos son la base de todo. La prosperidad no depende de una magia repentina; va de la mano de las acciones de cada quien en este mundo.