Los tres tipos de Ìyàmi y el papel del comportamiento humano
Cómo los sentimientos humanos activan la energía de Ìyàmi, sus tres categorías -blancas, negras y rojas- y por qué no se debe pactar con ellas.
Existen tres formas distintas de ìpèsè (ofrenda): uno dedicado a Ìyàmi, otro a los ancianos de la noche y otro a los hechiceros. Las seguidoras de Ìyàmi son, en su mayoría, mujeres, pues ellas ocupan la mayor jerarquía dentro de este culto; los hombres únicamente cumplen labores de servicio. Las ciudades donde este culto se practica con mayor énfasis se encuentran en Nigeria.
La función principal de Ìyàmi es mantener el equilibrio en la tierra. Esta energía actúa conectándose con los sentimientos de las personas -la envidia, la furia, la malicia, la angustia, la preocupación y el amor-, sentimientos que activan lo comúnmente conocido como brujería. Por ello, para que Ìyàmi actúe no se necesita un encantamiento, rezo o ritual especial: basta con esos sentimientos.
Existen siete grupos de Ìyàmi: unos habitan en el cielo y otros en la tierra, agrupados en tres categorías. Las blancas ayudan, protegen y elevan a la familia. Las negras hacen siempre el mal, pero si se les apacigua, dejan en paz. Las rojas hacen el mal y no escuchan, aunque se las apacigüe. En realidad, las tres poseen el mismo poder, y con ninguna se puede pactar: no conviene entrar en ningún convenio ni trabajar de la mano con ellas. Mientras se está en convenio con Ìyàmi, ella apoya, ayuda y da instrucciones; pero en el momento en que se decide retirarse, lo toma como traición y comienza a combatir.
Como saludo a esta energía: 'Mi madre, señora de los pájaros, yo te saludo. Que mi saludo alcance a la madre, para que mi àṣẹ sea completo, quedando el àṣẹ en mi vida.'